Curadora: Catalina Bagnato Irigoyen
24 de octubre – 9 de diciembre, 2026
Apertura en Cassia House: sábado 24 de octubre, 19:00 hs
Cassia House presenta Ensueños de Flora, una exhibición colectiva que explora la representación del jardín, la naturaleza y la metamorfosis a través de las obras de cinco artistas contemporáneas.
La exhibición reúne obras de Katerina Atamañuk, Merlina Famularo, Camila Oets, Zia Margaret y Sofía Bengolea.
En 1630 Nicolas Poussin pintó “El imperio de Flora”, donde la diosa romana de las flores, los jardines y la primavera sonríe rodeada de todos aquellos trágicos seres que terminarán por convertirse en flores por designio divino y como broche de oro final para sus intensas historias de amor y desamor. Resulta inquietantemente curiosa su sonrisa satisfecha mientras camina danzando entre las (en su mayoría) dolorosas metamorfosis ajenas. ¿Ese es el imperio de la diosa-primavera para un pintor del siglo XVII?
El jardín ha sido representado a lo largo de la historia como un espacio delicioso, idílico. Donde lo sacro y lo profano se entrecruzan en memorables charlas con ángeles o sensuales encuentros con visitantes. Desde los hortus conclusus con sus muros almenados para proteger la virginidad de sus moradoras, hasta la intimidad del jardín de Susana interrumpida por los indeseables viejos. Gran parte de la representación de los jardines carga con directrices morales para las mujeres que los observan: sobre santas, naturalezas pulcras y ordenadas, diversas proezas de virtud y más. Pero, en realidad, muchas de ellas no son otra cosa que una excusa útil para todo pintor y espectador que quiera hundirse en el voyeurismo.
Las artistas invitadas imaginan paisajes, seres y objetos que coquetean con la naturaleza para expandirla más allá de los límites de lo posible. Criaturas improbables, flores luminiscentes, irregulares materias surgidas de los huesos y las entrañas de sus personajes o del mismo cosmos. Sus obras parecen hambrientas: proponen un jardín donde la poesía extiende sus raíces y conjuga nuevas posibilidades, donde -incluso en la descomposición- podemos encontrarnos con la belleza. Ya no se trata de un espacio ideado para confinarnos, observarnos, y contenernos; sino de una nueva naturaleza desbocada, casi monstruosa, que crece más allá de los márgenes de todo cuadro y de todo preconcepto.
Se necesitarán nuevos nombres para explorar la flora y fauna de la galería, nuevos ojos y nuevas maneras de relacionarnos con esas formas de creación. Y, ¿quién sabe? tal vez, ingresar a un jardín como este implique (como en el cuadro de Poussin) una inexorable metamorfosis.
- Catalina Bagnato Irigoyen