Katerina Atamañuk es una artista multidisciplinaria en formación constante. Su obra se despliega entre la pintura, la acuarela y el gesto performático, donde cuerpo y materia se confunden en una misma superficie. Trabaja desde una mirada introspectiva, abordando lo femenino, lo emocional y lo psíquico como territorios de exploración artística.
Su producción reciente se organiza en torno a dos ejes. Por un lado, la creación de un imaginario ligado al firmamento: estrellas, cuerpos celestes y mitos que expanden lo simbólico hacia el espacio. Por otro, una investigación visceral sobre la experiencia de habitar un cuerpo de mujer, entendida como espacio de memoria, deseo y vulnerabilidad. En una de sus ultimas series, la artista lleva esa búsqueda al extremo: pinta literalmente con su propia sangre, en un gesto que fusiona lo físico y lo espiritual, lo ritual y lo pictórico.
Atamañuk trabaja entre el óleo y la acuarela, entre lo figurativo y lo onírico. Su obra emerge desde una tensión entre lo sagrado y lo íntimo, donde lo astral y lo carnal se tocan. En ese cruce, la pintura se vuelve cuerpo, la herida se transforma en símbolo, y el arte se revela como un acto de entrega.